Sesiones de Mindfulness: el enfado

Sesiones de Mindfulness: el enfado

Desde hace un par de semanas, he empezado cuatro talleres talleres de Mindfulness o atención plena, en dos lugares diferentes de Madrid. Los lunes y miércoles estoy en Alzentro y los sábados en CLARA LOGOPEDIA. En ambos casos el ambiente es maravilloso, y me siento muy cómoda.

He decidido compartir algunas sesiones en este blog, con una doble finalidad: por un lado, me sirve a mi de diario de trabajo; por otro, comparto mi experiencia, lo cual es bueno para todos.

Ayer tenía la tercera de 6 sesiones con dos niños de 4 años, e íbamos a ver, a explorar, a conocer el enfado.

Siempre comienzo mis sesiones con un toque de campana (cuenco tibetano). Indica el comienzo y el fin de la sesión. Cuando suena, los niños se colocan las manos en la tripa, cierran los ojos (si así se sienten bien) y respiran.

cuenco

Después, como estos chicos ya eran “veteranos”, hicimos la comida consciente de unos arándonos secos. La exploración con los sentidos, la toma de conciencia de lo que estoy comiendo, de dónde viene esto que tengo en la mano, si deseo o no comerlo… Todo ello es un importantísimo ejercicio de mindfulness, que los niños aprenden fácilmente con algo de práctica.

Y a continuación comenzamos con el enfado. Yo me llevo un muñeco, al que llamo Rocco, que es el “guardián de la palabra”, lo que quiere decir que sólo puede hablar quien tenga ese muñeco. Comenzamos preguntando qué es lo que nos enfada, qué nos pasa cuando nos enfadamos, si gritamos, si lloramos, si pegamos, si nos ponemos colorados… y qué pensamos al enfadarnos. A pesar de tener 4 años, los niños son muy capaces de expresar más de lo que podríamos pensar a priori.rocco

 

 

 

 

 

 

 

Recordamos por supuesto la parte de nuestro cuento Un Bosque Tranquilo donde Marta NavalGar y yo hablamos del enfado.

Un bosque tranquilo

Luego les cuento el cuento del Moody Cow… es un “torito gruñón” que tras un día fatal, se va con su abuelo a “meter su enfado en un frasco” para que todo se quede ahí, y él se tranquilice. La idea es que en un frasco de agua, le vamos colocando purpurina que simboliza nuestros enfados. Cuando ya todos los enfados están ahí, se agita, se toca la campana, y todos miramos en silencio cómo poco a poco la purpurina baja y el agua se aclara. De este modo, conseguimos un ratito de calma, y la emoción de enfado se marcha. Si se busca Mind Jar en la red, se encuentran miles de experiencias. Hay quien lo llama el frasco de la calma también, que ya María Montessori utilizaba.

moody cow

De manera que una vez terminado el cuento, hacemos lo mismo. Metemos nuestros enfados en el frasco, y esperamos a que nuestra mente se calme.

frasco

Después, estuvimos golpeando cojines al ritmo de una música que trasladaba enfado, ira, al menos a nosotros :). Yo utilicé algo de Metállica… Dábamos golpes a los cojines, explicando lo que nos enfadaba. Cada uno a su ritmo y a su aire.

Poco a poco los niños se fueron cansando, la canción termina, y les invito a que se tumben para hacer una pequeña meditación mientras se calma su respiración y su corazón. Ayer esto no fue efectivo, de modo que lo que hice fue invitarles a tumbarse, tapados con una manta, y poco a poco, muy despacito, con una música suave, se la iba retirando. Es un juego que les gusta mucho, y que es muy agradable. Yo voy verbalizando las zonas por donde iba pasando la manta, pero igualmente se puede hacer en voz alta.

manta

Para terminar, nos tomamos de las manos (Rocco también estuvo en el círculo) y nos damos las gracias.

 

 

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