Cómo trabajamos

Aprendizaje incidental


El aprendizaje incidental es el que tiene lugar sin una intención. Es decir, fuera de una situación intencional de enseñanza o de aprendizaje. Se puede considerar que es lo que ocurre cuando un niño aprende, de manera natural, a hablar, a ampliar su vocabulario, incluso a gatear o caminar. Muchas habilidades se aprenden de manera incidental.

Cuando se habla de aprendizaje incidental en el trabajo con niños con alteraciones en el desarrollo y la comunicación, a lo que nos estamos refiriendo es a que las interacciones deben ser iniciadas por los niños. Esto puede resultar un poco paradójico, si tenemos en cuenta que la falta o dificultad para tomar la iniciativa en la comunicación es una de las características de estos niños y niñas. Sin embargo, son precisamente estas dificultades las que hacen que se plantee el aprendizaje incidental como una metodología claramente diseñada.

La idea es que el profesional cree un contexto que proporcione oportunidades de comunicación a los niños; que se modifique el ambiente, el espacio y el entorno para crear situaciones de aprendizaje, en las que el niño inicie la comunicación. Para ello, lo primero es conocer los intereses de la niña o el niño. Esto es fundamental. Pero además, es importante conocer la conducta del niño, sus comportamientos más habituales, así como los más desajustados que nos gustaría evitar o reducir.

Algunos ejemplos sencillos de esta metodología sería, por ejemplo, sustituir el mando a distancia (que habitualmente toma el niño para encender la tele) por una fotografía del mismo, para que el niño use esa foto para pedir; o darle un vaso de agua sin agua, para que tenga que pedir el agua; o romper rutinas, por ejemplo, salir de casa sin la mochila… La idea es “romper” el equilibrio habitual, de modo intencional, para crear una situación de aprendizaje natural, en el que se incite al niño a pedir.

Los primeros que plantean esta metodología fueron Risley y Hart en los años 70. Más tarde sus aportaciones se incorporaron al Walden Project (Programa de atención temprana para niños con autismo) bajo la supervisión de la Doctora Gail McGee en los años 90.